Con la vendimia avanzada en la mayor parte de las D.O. catalanas, siguen organizándose actividades enoturísticas en torno a la vendimia destacando -según mis preferencias- los almuerzos de vendimia, una reproducción normalmente fidedigna de los almuerzos que hacían nuestros abuelos cuando -después de varias horas de trabajo- se reunían con todo el grupo de vendimiadores para hacer un almuerzo de pan con arenques, uva y embutidos de la matanza del año anterior, bien regado todo ello con generosos tragos de vino que se hacían manar con habilidad de uno o más porrones y que no dejaban de pasar de mano en mano más que el tiempo necesario para poderlos rellenar.

Son cada vez más las bodegas que se han apuntado a este tipo de actividad, que tiene un importante y nada despreciable componente educativo y de divulgación, no sólo en la vertiente gastronómica y de reencuentro con la tradición vinícola de nuestro país, como por el hecho de que se acostumbra a aprovechar el evento para recoger uva, hacer mosto o incluso realizar un pequeño taller de elaboración de mistela, esta bebida dulce tan nuestra y tan menospreciada, y que ahora que tenemos la festividad de todos los Santos a dos páginas del calendario vale la pena recuperar como compañera de panellets, castañas y boniatos, y que bien nos puede alegrar una sobremesa si la mistela se ha sometido a un discreto enranciamiento en barricas o en bombonas de vidrio a sol i serena.[i]

Da gusto ver a los más pequeños pisando la uva, probando el mosto (la mistela les está vetada) y ayudando con más o menos acierto a recoger la uva protagonista principal del encuentro. Una experiencia compartida por pequeños y grandes y que por supuesto hace que vean con otros ojos los viñedos, los agricultores y el vino, para lo que has vivido, has tocado y has hecho lo haces más tuyo y te deja un recuerdo dulce como la mistela. Este espíritu debe ser la base del Enoturismo, una manera de disfrutar, de aprender y de transmitir unas tradiciones, un paisaje y una integración -aunque sea por un día- en el entorno natural de nuestro territorio, pisando la tierra y ensuciándose las manos para sentir el latido de este planeta llamado «tierra» que tanto maltratamos consciente o inconscientemente.

Yo he sido testigo este pasado fin de semana en Mas Llagostera (La Bisbal del Penedès) y constato que fue espléndido en todos los aspectos. También en otras zonas vinícolas catalanas puedes encontrar alguna bodega que durante la vendimia haga estos almuerzos una o dos veces. Lo recomiendo mucho sobre todo si tienes niños de edad igual o superior a los 4 años. Y si ya sois adultos o deseáis redescubrir cosas del pasado ligadas a la tierra y al modo de vivir de nuestros antepasados ​​os aseguro que también disfrutarás de la jornada.

En Viemocions nos tienes a tu disposición por si necesitas que te ayudemos.

Àngel Garcia Petit

[i] Expuesto al calor del día y a la humedad de la noche.