Está mayoritariamente extendida entre la población la idea de que una botella de cava hay que beberla cuanto antes, y que no se pueden guardar más allá de los meses que sea necesario hasta encontrar la ocasión de abrirla.

Curiosamente quien mantiene este criterio difícilmente se gasta más de 9 euros en una botella de cava, tal como he podido constatar recientemente en un encuentro de antiguos compañeros de escuela.

Por este precio se puede comprar un cava jovencito o con un punto de crianza, fresco y ligero, con burbuja alegre, y poco más. Si este es el modelo de cava que se desea, pues ciertamente no es recomendable guardarlo mucho tiempo, pero los matices, la elegancia, el volumen en boca sólo nos lo puede dar un cava hecho con un buen vino base y que haya tenido una crianza superior a los 24 meses. Y en este caso guardar la botella un par de años puede ser una buena opción para dejar que el vino espumoso se acaba de conjuntar y de afinar. Está claro, sin embargo, que el precio de la botella doblará seguramente los 9 euros del caso anterior.

La calidad es la base de la longevidad de un vino -entre otros parámetros más técnicos- por lo que yo sugiero a quienes todavía piensan que hay que beberse con prontitud las botellas de cava que pidan asesoramiento en una tienda especializada para comprar una botella con un cierto potencial de guarda, y tengan la paciencia de esperar 2, 3 o 4 años para beberse aquel cava. A ver qué opinan después.

Àngel Garcia Petit