Dicen las malas lenguas que el cava, los vinos rosados ​​y los vinos blancos deben consumirse como muy tarde a lo largo del año siguiente a su compra. Un prejuicio que quizás hace 50 años era cierto en la mayoría de los casos pero que ahora hay que ir borrando de nuestras convicciones porque en muchas más ocasiones de las que pensamos termina siendo completamente errónea. Pongo un ejemplo:

El pasado viernes día 9 de noviembre del enólogo Félix Sabàt ofreció una cata vertical de 6 botellas de su cava «Rosat Grau Dòria» a un grupo de aficionados al cava. De la añada 2017 (aunque para salir al mercado) hasta la añada 2012 cada botella fue valorada por un grupo de 14 personas en el bar de vinos «Rosaluna» de Barcelona.

Impagable la experiencia de ver como un cava rosado de 2014 era un modelo de frescura, armonía y sutilezas, y como el carbónico estaba tan bien integrado que daba más sensación de cremosidad que de burbuja. Incluso la añada 2012 estaba en un momento de plenitud que hacía de este cava el compañero ideal de casi cualquier plato de la cocina catalana e internacional, desde la cocina china del «Out of China» hasta la más tradicional del «Sergi de Meià», pasando por los platos italianos del restaurante «Due Spaghi» de Barcelona.

Con garnacha negra y pinot negro, Félix Sabàt ha ido adaptando la proporción de ambas variedades según iba interpretado cada añada, y hay que decir que el acierto se demuestra cuando 8 años después el cava se mantiene vivo, agradable y con la sensación de que aún no ha llegado al límite.

Experiencias como ésta deberían ser más frecuentes porque son increíblemente didácticas y permiten verificar personalmente que cuando las cosas se hacen bien la vida de los vinos cogen mucho recorrido, como este caso de un cava rosado. Hay pero insistir en que esto solo es posible cuando los vinos (y el cava es un vino) se han hecho a conciencia, con profesionalidad y con acierto.

No rechaces una buena botella de vino (sea o no espumoso) solo por el tiempo que tiene, en cualquier caso rechazalo porque la bodega no te convence o porque se sospecha que ha sido mal guardada. Ciertamente algunas botellas pueden salir mal pero cuando salen bien dan una satisfacción que se recuerda mucho tiempo. Y en caso de duda consultáis con vuestra tienda de vinos de confianza, que hay muchas.

Àngel Garcia Petit