El Big Ben de Londres, los templos de Tailandia, ir a hacer surf en Australia… y tantísimas cosas más a visitar y conocer.

La comunicación global, el abaratamiento de los viajes y una nueva generación con mucha curiosidad ha hecho que viajar y conocer lugares exóticos esté más de moda que nunca. Hace veinte o treinta años la gente hacía un viaje en verano -con suerte- y para de contar.

Hoy en día ya no es así. Ir un fin de semana a ver el musical del Rey León en la City, aprovechar un puente y hacer una escapada a ruin bares de Budapest. Parece que Cataluña se nos queda pequeña.

Pero creo que al hacernos internacionales se nos ha olvidado algo a los de casa: vivimos en uno de los países más visitados y queridos del mundo.

Todo juega a nuestro favor: el clima privilegiado, el carácter de la gente, el sol y playa, la gastronomía, la cultura y tradiciones, los paisajes… todo esto y mucho más tiene que ofrecer Cataluña al visitante de fuera… y al de dentro.

Este es el primero de una pequeña serie de artículos donde intentaré acercaros todo aquello por lo que nos vienen a visitar, para recordarnos a todos lo que tenemos sin salir de casa y que parece que en la búsqueda de lugares más exóticos se nos ha olvidado un poco el privilegio que tenemos de vivir aquí.

Conocer nuevas culturas y lugares es compatible con disfrutar de una cata de vino de cereza (sí, de cereza!) en una pequeña bodega a 40 minutos de Barcelona, en un mirador natural un sábado al mediodía; o dar un paseo en bicicleta por el paisaje vinícola del Penedès; o retroceder a los inicios del siglo XX en una colonia fabril en el Bages.

Espero que me acompañéis por nuestro recorrido y que podamos disfrutar todos. Nos vemos en el siguiente artículo, «Barcelona es mucho más» .

Julio Aparicio